"-¿Cómo le puedes regalar a alguien un trocito de cielo?
-Memorízalo y luego, lo describes."
La hierba estaba húmeda, blandita y era de un verde brillante, un verde especial; la sentía debajo de mi espalda... un escalofrio me obligó a abrir los ojos y el impacto de la luz del sol me hizo cerrarlos de nuevo. Sonreí. Los abrí de nuevo, esta vez más despacio y solo hasta la mitad.
El techo de color azul, azul eléctrico... el cielo; y a la izquierda una nube pequeña, perdida, con forma de zapato, con los cordones desatados y un agujero en la suela, parecía cansada de andar...
A la derecha, algo más grande, otra nube, hasta ahora amorfa... giré la cabeza, sentí la hierba fría debajo de mi pelo, entorné los ojos, estrujé mi neurona... me levanté, miré al cielo y todo había cambiado de sitio. Me giré y me tumbé de nuevo, colocando mi cabeza donde antes estaban mis pies... ahora la nube tomó forma... un teléfono, blanco y de algodón, con solo una tecla, el número 7 y el cable en espiral...
Respiré hondo, cerré los ojos sintiendo la hierba en mi espalda y sonreí.
Pasó el tiempo sin que yo lo sintiera.
De nuevo un escalofrío me hizo abrir los ojos... era de noche y una gran pelota de tenis amarilla brillaba ahí arriba... a punto de caer y botar para colocarse en otro sitio.
-Memorízalo y luego, lo describes."
La hierba estaba húmeda, blandita y era de un verde brillante, un verde especial; la sentía debajo de mi espalda... un escalofrio me obligó a abrir los ojos y el impacto de la luz del sol me hizo cerrarlos de nuevo. Sonreí. Los abrí de nuevo, esta vez más despacio y solo hasta la mitad.
El techo de color azul, azul eléctrico... el cielo; y a la izquierda una nube pequeña, perdida, con forma de zapato, con los cordones desatados y un agujero en la suela, parecía cansada de andar...
A la derecha, algo más grande, otra nube, hasta ahora amorfa... giré la cabeza, sentí la hierba fría debajo de mi pelo, entorné los ojos, estrujé mi neurona... me levanté, miré al cielo y todo había cambiado de sitio. Me giré y me tumbé de nuevo, colocando mi cabeza donde antes estaban mis pies... ahora la nube tomó forma... un teléfono, blanco y de algodón, con solo una tecla, el número 7 y el cable en espiral...
Respiré hondo, cerré los ojos sintiendo la hierba en mi espalda y sonreí.
Pasó el tiempo sin que yo lo sintiera.
De nuevo un escalofrío me hizo abrir los ojos... era de noche y una gran pelota de tenis amarilla brillaba ahí arriba... a punto de caer y botar para colocarse en otro sitio.
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