13 octubre 2010

No entiendo la bibliofobia

Las palabras tienen algo especial.

En manos expertas, manipuladas con habilidad, me convierten en su esclava. Se enredan por toda mi piel y en cuanto estoy tan embelesada que no puedo moverme, se infiltran en la sangre y me adormecen el pensamiento. Una vez dentro de mi ejercen su magia.

De vez en cuando sale alguna historia que toca las recónditas, pero aleatorias vetas de conocimiento que he ido acumulando mediante mis caprichosas lecturas. En estas ocasiones permanezco en silencio, sorprendida por la repentina colisión de dos mundos que no tenían nada más en común.

Por muy insípido que sea el contenido, siempre consigue conmoverme... alguien en su momento consideró que esas palabras tan valiosas se merecían estar plasmadas por escrito.

La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, los gestos, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo termina. Es algo cruel y natural a la vez. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, ya que siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, su tono de voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte, consolarte o desconcertarte. En definitiva, cambiarte. Se conserva la magia de la tinta sobre el papel. Es una suerte.

Los minutos antes de dormir... sobre mi nórdico naranja, las páginas blancas de mi libro, alumbradas por la luz del flexo, constituyen la puerta de entrada a otro mundo. Cada noche tengo que recuperar los hilos argumentales que dejé suspendidos la noche anterior, durante el día se destensan, tan solo tengo que interesarme por cómo acabarán entrecruzándose.

Abro el libro... sólo unas palabras. Mis ojos peinan la primera línea y nos quedamos atrapados. Ellos y yo.

Cuando, transcurrido un buen rato, finalmente despierto, tan solo puedo suponer que ha estado sucediendo en las profundidades de mi inconsciente.

Deslizo la mano por el libro. Cada libro tiene su particularidad... el tacto bajo la yema de los dedos es distinto en todos ellos.

Libros. Libros. Y más libros.

08 octubre 2010

"No sé por qué razón dentro de mí estalla una tormenta cuando me cuentan de ti."
(J. Sabina)

Cada una de esas nubes negras, cada relámpago y cada una de las gotas de lluvía que me empapan... las conozco.

Conozco las razones pero no entiendo porqué las ignoro. A veces las niego hasta que de nuevo empieza a chispear...

07 octubre 2010

Nightmare

Miro hacia atrás. Te noto pero no te veo.

Sin dudarlo, sin pensarlo... corro. Corro como si me fuera la vida ello.

Atravieso una calle oscura, de adoquines y ventanas con rejas, no hay farolas.

Me giro de nuevo y sigo sin ver nada, pero te noto.

Aumento la velocidad de mis pies y giro a la izquierda, la luz de las farolas me molesta ahora y hace que cierre inconscientemente los ojos durante unos segundos.

Al final de la calle... ¿derecha o izquierda? Entonces, y solo entonces, pienso... izquierda, a la derecha no hay salida.

A pesar de todo giro a la derecha y entonces me agarras de la capucha tirando fuerte de mí hacia atrás...

Me giro para ver quién eres pero no hay nadie, estoy en mi cama con el corazón a punto de salirse y con una sensación desagradable...

¿Quién eres? ¿Qué quieres? Me gustaría saberlo ya que me visitas (alteras) tan a menudo...

01 octubre 2010



(...)

Decepción

Disappointment

Enttäuschung

Désenchantée, ya lo decía Kate Ryan...

Llámalo como quieras... (...)