Nos quisimos. Nos aprendimos de memoria. Nos fuimos. No nos
quedó otra alternativa que construir caminos diferentes, de esos que no llevan
a ningún lugar.
Algún día volveremos, uno de los dos llamará al otro y
pedirá perdón como si haberle querido hubiese sido el peor error de su vida.
Me gustaría haber aprendido cómo reconstruirme desde cero. Intentar, en definitiva, escapar lo más lejos posible de mí
misma, de lo que fui, de lo que soy. Pero, siendo sincera, no he querido. No he
aprendido nada, ni siquiera una forma de abrazar que no sea esa con la que se
abraza al vacío. Mi vida estos meses ha sido una sucesión de noches, y días, y
noches y más días… He perdido todo lo que tuve. Todo.
Si vuelves y me pides perdón, ignorando que quizás ya no
pueda perdonar... ignorando que tú eres una grieta, mi grieta más profunda. Un
estúpido defecto en mi armadura. Pero, si vuelves, me encontrarás rota, en medio de mi camino, con
rumbo a ninguna parte.
Ahora quiero destruirme para volver a empezar, con más
seguridad, de otro modo. Salir de aquí corriendo, sin hacer la maleta, sabiendo
que lo que me queda no servirá porque, simplemente, todo lo que me queda son
recuerdos. Y los recuerdos no sirven si te hacen recordar cosas que ya no
existen.
Una vez, tú y yo, construimos
un puente entre los dos.
"Mi grieta más profunda"...me encanta...
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