No hay
nada más entrañable que aquello que empieza por casualidad… una detrás de otra…
analizadas a posteriori.
Aunque
nos empeñamos en querer saberlo todo, el origen, las causas, la razón, a veces
es mejor ignorarlo todo y vivir… Me hiciste dudar. Pero, dejé de preguntarme “¿por
qué?”. Me encontré la arandela que llevo en el llavero… aquella noche, la
primera de muchas y temiendo olvidarla, la coloqué en mi llavero. Aunque ahora
la recuerdo sin mirarla… y es que fue la primera, ¿de cuantas? Perdí(mos) la
cuenta.
También
perdimos la costumbre que nos llevaba a alejarnos un poco de todo, la costumbre
de hablar y escuchar delante de una cerveza y debajo de buena música… la
costumbre de que los demás no entraran en nuestra burbuja… la costumbre de los
silencios y de sus clamores… ¿la costumbre o la necesidad?
Recuperamos
esa costumbre para despedirnos… siempre las he odiado, y esta vez sabía desde
el minuto cero que llegaría una despedida, no por eso se pasa mejor. Y esa
noche nos alejamos un poquito de todo, hablamos y escuchamos delante de una
cerveza, porque los astros exigieron que no fuese mojito, debajo de buena
música… sin nadie en nuestra burbuja…
Tengo
la certeza de que ya no será nada igual, personalmente hablando, y es que si
hay alguien que pasa por tu vida pisando fuerte, no se pueden ignorar las
huellas que deja.
Gracias
Patata (awww), seguiré estando encantada en el centro de la espiral.
No hay comentarios:
Publicar un comentario