Siete rayos de sol atravesaban la ventana, coincidiendo con las rendijas de mi vieja persiana. Cuatro de ellos se perdieron entre los lomos de los libros de la estantería y los tres restantes trepaban por el borde de la cama, por la sábana, entre mi brazo derecho destapado.
Al sentir la luz en los ojos, los abrí poco a poco. Aún no había sonado el despertador. Tiré del edredón y me tapé hasta la barbilla. Permanecí con los ojos entornados, con las piernas quietas y el brazo izquierdo inmóvil debajo de la almohada. Repentinamente, sonó el despertador. Molesto como cada día, insistente como si le fuera la vida en ello.
Me moví desganada en la cama alargando el brazo, buscando a tientas el despertador sobre la mesita. Tropecé con un libro. Al fin encontré el despertador y lo apagué.
Lentamente cerré los ojos y me volví a dormir. Me abandoné en aquel sueño ligero y agradable, todavía caliente y aturdida, recién llegada de quién sabe qué mundo. Tal vez fue a causa de un ruido lejano, de una sensación de responsabilidad, el caso es que abrí los ojos de repente y me volví hacia el despertador. Apenas habían pasado unos segundos pero, quién sabe por qué, me parecieron eternos.
Y todo era distinto a la noche anterior...
Al sentir la luz en los ojos, los abrí poco a poco. Aún no había sonado el despertador. Tiré del edredón y me tapé hasta la barbilla. Permanecí con los ojos entornados, con las piernas quietas y el brazo izquierdo inmóvil debajo de la almohada. Repentinamente, sonó el despertador. Molesto como cada día, insistente como si le fuera la vida en ello.
Me moví desganada en la cama alargando el brazo, buscando a tientas el despertador sobre la mesita. Tropecé con un libro. Al fin encontré el despertador y lo apagué.
Lentamente cerré los ojos y me volví a dormir. Me abandoné en aquel sueño ligero y agradable, todavía caliente y aturdida, recién llegada de quién sabe qué mundo. Tal vez fue a causa de un ruido lejano, de una sensación de responsabilidad, el caso es que abrí los ojos de repente y me volví hacia el despertador. Apenas habían pasado unos segundos pero, quién sabe por qué, me parecieron eternos.
Y todo era distinto a la noche anterior...
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