02 noviembre 2009

Un martes cualquiera decides dejar de escribir en esa página, no hace mucho totalmente en blanco, de ese libro que alguien te regaló... el mejor regalo, un libro en blanco para ir escribiendo todo.

Pero sucede algo que no puede ir en esa página, estropearía el resto o puede que ese algo se estropee con el resto, es entonces cuando tomas esa decisión...

Pasar página... empezar una nueva, con tachones, con borrones, con trazos paralelos u oblícuos... de este color, del otro; pero nueva, en blanco y deseando ser escrita.

Cuesta horrores pasar página, los libros en blanco que se regalan tienen las hojas muy pesadas e incorporan un sistema automático para pasarlas, pero éste solo funciona cuando la página está completamente llena, sino... toca hacer un gran esfuerzo...

Supongamos que has conseguido estrenar una de esas páginas... ante una hoja en blanco se siente respeto, miedo a estropearla y la comienzas con cuidado, intentando no torcerte al escribir, con buena letra, sin tachones... vas cogiendo el ritmo de nuevo, las ideas vienen, son plasmadas en el papel, te ilusionas, sonries, te alegras de haber hecho ese esfuerzo por abandonar la anterior... ¡¡¡te sientes bien!!!

Desgraciadamente no es tan fácil... con una simple ráfaga, el viento es capaz de volver esa pesada página con la excusa de que aún le quedan renglones en blanco.




No hay comentarios:

Publicar un comentario