Era un día cualquiera, una noche como tantas otras, estaba en la cama, preparada para leer y me dieron ganas de escribir.
Hacía mucho que no lo hacía, ya te lo dije varias veces, y no sé por qué mi vocecilla eligió este momento para sacar todo lo que siente.
Mi cuerpo está lleno de emociones, guardadas en lo más profundo de un músculo rojo que late rápido, como si llegara tarde.
Estoy temblando.
Quiero escribir tantas cosas que va a ser imposible hacerlo de forma coherente.
Tanto tiempo queriendo sentir esto, tanto tiempo esperando este momento, un motivo que me desestabilizara...un simple motivo.
Esta canción que escucho ahora mismo, me ayuda, me anima a seguir, me suplica que siga, que escriba y escriba, que no me detenga. Pero, ¿por qué este motivo y no otros tantos que también merecían ser escritos?
Ha aparecido algo en mi vida que extrañaba desde hace tiempo, algo que necesitaba que llegara, es parte de mi forma de escape, de conocerme y dejar que me conozcas.
Tú has sido mi empujoncito, simplemente por eso, eres alguien grande.
Le has devuelto la concentración adecuada a mis días, antes la mayoría eran diluidos...
Quiero asomarme a la ventana y gritar, bien alto, para que me oigas, para hacerte saber y que el eco te lo repita mil veces que GRACIAS (no para los desconocidos, sino para ti) y retumbe en tu cabeza cada vez que respires, que me has dado UN MOTIVO.
Valió la pena este silencio, este abandono por escribir, ahora los pensamientos no piden permiso para salir.
Que puedo decir... A veces es suficiente con un gesto, otras tantas con una palabra, con un beso, un abrazo...pero no...eso no lo tenemos, parecemos completas desconocidas que se vieron una vez, en un lugar concreto y a una hora fijada y que nos mantiene vivas el ir y venir de los dedos que plasman nuestros pensamientos aquí.
ResponderEliminarGracias a ti, por ser la desconocida que me escuchó, que sabe de mi, que se parece a mi,que me entiende, que confía en mi, que me inspira confianza...