Aquí las
tengo, delante de mis ojos, tres botellas vacías, verdes… Me observan. Las
miro. Las culpo por no crear en mí ningún efecto. No el que yo quería…
Verdes,
del color de la esperanza. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde,
lo último que nos deja, pero al final
todo nos abandona… ¿De qué sirve tener esperanza? Tenerla no impide seguir
sintiendo dolor, incertidumbre, el no saber qué día es porque hace tiempo que
son todos tan parecidos…
Creo
que ahora mismo estoy a trescientos cuarenta y dos kilómetros de aquí. Fui yo
la que decidí quedarme atrás, lo que veis no es más que el caparazón. Soy un artilugio que sonríe porque me programaron
para ello, pero bajo ese gesto no hay razones. No hay excusas. Sólo costumbre. Quizás
un salto al vacío…
como el
de las botellas al caer en el contenedor de vidrio.
Algunos estaremos dispuestos a no dejar que caigas. A llenarte de sonrisas con sentido, de teorías disparatadas y de investigaciones sobre zapatillas que siempre ocuparán tu tiempo.
ResponderEliminarAlgunos estaremos dispuestos a escuchar tus palabras, con sentido, o sin sentido. A dialogar, entender, y con un poco de atrevimiento opinar.
Algunos estamos aquí, en el mismo vacío que tú.