Vente
conmigo, deja que te lleve. Olvida el lugar donde estás, ahora no nos importa,
nos da igual esa ventana desde la cual observas a veces la calle. Olvídala.
Olvida las paredes que te rodean, las que te escuchan y guardan tus secretos. Incluso olvida la silla que te sujeta, no la necesitamos... Vente conmigo...
Nos
rodea un color gris pálido mezclado con humedad y algo de salitre. Inspira,
siente cómo entra el aire en tu nariz, recorre tus fosas nasales mientras
cierras los ojos… Déjate llevar… El aire ha llegado a la tráquea, abre los ojos
y observa las olas. Ese vaivén perfecto e infinito. Comienza a andar, sigue
inspirando fuerte, sintiendo el salitre, el olor a mar… La arena se esconde
entre tus dedos hasta hacerlos desaparecer entre millones de granos de sílice,
notas cómo va cambiando la temperatura y la textura conforme nos acercamos a la
orilla. Ahora es más compacta, más húmeda, menos agradable al tacto… Deja que
te lleve… La ola ha alcanzado tus pies acariciándolos con la espuma. Sientes el
viento en la cara, cierra los ojos y escucha, siente el vaivén. Imagínalo y
será diferente cada vez. Abre los brazos, ponlos en cruz y nota cómo el viento
choca con ellos y tu camisa lucha por despegarse de tu cuerpo… Tu espalda
quiere notarlo también, te pide que gires 180º… y el pelo se vuelve loco por no
saber hacia dónde dirigirse… Sientes tranquilidad… Sonríe.
Abre
los ojos… Ahí siguen las cuatro paredes. Nunca se van, nunca las escuchas… Pero
siempre podrás cerrar los ojos y dejarte llevar.
Me voy contigooooo
ResponderEliminar