26 octubre 2013

¿Te vienes?

Vente conmigo, deja que te lleve. Olvida el lugar donde estás, ahora no nos importa, nos da igual esa ventana desde la cual observas a veces la calle. Olvídala. Olvida las paredes que te rodean, las que te escuchan y guardan tus secretos. Incluso olvida la silla que te sujeta, no la necesitamos... Vente conmigo...

Nos rodea un color gris pálido mezclado con humedad y algo de salitre. Inspira, siente cómo entra el aire en tu nariz, recorre tus fosas nasales mientras cierras los ojos… Déjate llevar… El aire ha llegado a la tráquea, abre los ojos y observa las olas. Ese vaivén perfecto e infinito. Comienza a andar, sigue inspirando fuerte, sintiendo el salitre, el olor a mar… La arena se esconde entre tus dedos hasta hacerlos desaparecer entre millones de granos de sílice, notas cómo va cambiando la temperatura y la textura conforme nos acercamos a la orilla. Ahora es más compacta, más húmeda, menos agradable al tacto… Deja que te lleve… La ola ha alcanzado tus pies acariciándolos con la espuma. Sientes el viento en la cara, cierra los ojos y escucha, siente el vaivén. Imagínalo y será diferente cada vez. Abre los brazos, ponlos en cruz y nota cómo el viento choca con ellos y tu camisa lucha por despegarse de tu cuerpo… Tu espalda quiere notarlo también, te pide que gires 180º… y el pelo se vuelve loco por no saber hacia dónde dirigirse… Sientes tranquilidad… Sonríe.

Abre los ojos… Ahí siguen las cuatro paredes. Nunca se van, nunca las escuchas… Pero siempre podrás cerrar los ojos y dejarte llevar.

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