Debe haber amanecido, la luz se cuela con el ángulo que le obligan los poros de la persiana. No recordaba que estabas en el lado derecho, te oigo respirar.
-¡Buenos días! ¡Buenos días dormilón! ¿No me contestas?
Me giro.
-Shhhh.
Aún duermes, con cara angelical, ajeno a todo. ¿Sabes? Tienes un tic al dormir, ¿lo sabías? Sonríes pícaramente.
Siento celos de Morfeo, es el momento de espantarlo con un silencioso beso.
Ahora sí, ¡buenos días!
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