04 diciembre 2012

El frío aún no había llegado pero se intuía su llegada temprana en la forma de amanecer. Entre hojas color ocre, acobardadas por su caída inminente. Algo inevitable... como tú.

Pero mis manos estaban heladas, no quería tocarte así, por eso me negué a subir. Es mejor ver cómo te asomas cada noche a la ventana, siempre casi a la misma hora. Me encanta ver cómo sonríes y disfruto al darme cuenta de que para mí lo haces diferente.

Prométeme que esta noche mirarás entre las ramas desnudas para buscarme. 

Hace frío, ahora ya sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario