Otra vez. ¿La ves?
Esa maldita línea, delgada y desafiante. La que separa la apariencia de los sentimientos.
La hemos instalado sin querer entre los dos. Porque demasiadas veces no querer hace que podamos poder, y poder te lleva al no querer querer.
Y m(t)e pregunto, ¿la línea la hemos puesto para saltarla?
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