Aún me falta mucho por aprender. Lo poco que sé te lo cuento tomando un café, lo entenderás tomando una copa y lo olvidarás con dos, o tres.
Voy a empezar con lo que estoy 100% segura: te morirás, con suerte, sólo una vez. Hay que procurar no morirse en el camino… todos los días morimos un poco, por ejemplo cuando dejamos de decidir, cuando decimos que todo está bien y no lo está. También estoy segura de que sufrirás, te decepcionarán, y no lo podrás evitar.
Tienes que olvidarte de ser feliz, la felicidad no existe, podrás estar contento si llegas a ser el dueño de tus expectativas, pero la felicidad… eso son cuentos chinos.
Todo esto no merece la pena si no hay alguien que nos haga incoherentes. Ni velas, ni promesas, ni besos, ni “te quiero”,… eso no es el romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus “yo nunca”, tus “yo qué va”.
Ojalá ames mucho, incluso a riesgo de ser correspondido. Que te lo quiten todo, que hagan pedazos tus ganas y te veas obligado a pegarlas con cualquier otra ilusión. Que desees y seas deseado, que se desvanezcan todas tus esperanzas y acabes descubriendo que la única manera de recuperar el amor es en brazos ajenos.
Para terminar te diré que tu mejor y el más grande de tus enemigos se llama miedo. Siempre va a estar jodiéndote, usando sus distintas máscaras: miedo al fracaso, miedo al qué dirán, miedo a perder lo que tienes, miedo a conseguir lo que quieres, miedo a saber poco, miedo a tener razón…
En esto consiste vivir… lo leí en algún sitio hace tiempo y lo he adaptado a mi forma de ver las cosas.
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