26 junio 2010

Fue un instante, una mirada, ¡qué sé yo!

Me fijé en tus gestos y rasgos faciales... inspiradores de mis deseos más excitantes.

Enseguida me sorprendí, mirándote a diario, constantemente, de arriba abajo.

Tenía que conseguirte. Eran tantas mis ganas, tantas eran las tuyas... que durante un tiempo, todo fue entretenimiento.

Erótico y salvaje, instintivo y pasional.

Luego comenzó a apagarse, pero para entonces, habías demostrado otras dotes, que compensaron que acabase.

Me enseñaste a hablar con la mirada y a no decir lo que no es necesario.

En vez de desaparecer... continuaste estando a diario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario