14 abril 2010

Me gusta observarte... sin que te des cuenta.

Estabas sentado en el tercer banco, con las piernas cruzadas y en tu mano izquierda el cigarrillo. El humo se alió conmigo, te hizo hacer esa mueca que te distingue del resto de fumadores.

Miraste el reloj... y a cada lado; parecía que esperabas a alguien, ojalá se retrase, ojalá que no llegue... No quiero dejar de observarte.

Tiraste la colilla... echaste el cuerpo hacia delante, posando tus codos sobre las rodillas y entrelazando los dedos miraste de nuevo a cada lado...

Que no llegue, que no llegue.

Parecías inquieto, miraste otra vez el reloj negando con la cabeza. En ese momento te levantaste y comenzaste a caminar hacia el lado opuesto desde el que te observaba...

Ví como te alejabas... poco a poco estabas cada vez más lejos... de repente te giraste...

Pero no he llegado aún y te fuiste.

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