08 enero 2010

Las miradas se buscaban desde hacía tiempo y al final se quedaron enganchadas.

Frente a frente.

Sentía que mi fuerza interior se resquebrajaba. Y de pronto, me vi tocando todas las teclas, activando todas las palancas necesarias para que todos y cada uno de los engranajes de mi maquinaria entraran en funcionamiento.

Me escuché palabras que no había querido pronunciar. Maldije el rumbo del destino y al mismo tiempo casi no podía esperarlo... se confirmaba aquello que ambos queríamos.

Las miradas volvieron a coincidir.

Mucho tiempo.

Demasiado.

De repente, estábamos demasiado cerca, entre nuestros labios sólo temblaba una película delgada de aire caliente.

Un beso. Ahora.

El silencio hacía demasiado ruido y mis pensamientos pululaban por mi cabeza, se concentraron en un torbellino y me sacudieron.

Los dos nos quedamos inmóviles, la tensión reinaba entre nosotros, esperando que alguien nos diera la salida, una señal, una autorización... la contraseña.

¿Qué pasó? ¿Qué es lo que iba mal?

No funcionó.

Durante un instante hicimos equilibrio entre renunciar e insistir. Me sentí somo si nadara en agua helada, algo se disipó y sentí un gran alivio.

Nos alejamos, lentamente, con resistencia, como si nuestros cuerpos no terminaran de entender lo que nuestras cabezas habían decidido hace rato.

Vi en tus ojos la misma pregunta que viste en los míos, y sé que tú tampoco encontraste la respuesta. Sólo vimos un tópico patético que nos hizo reír.

Alrededor de tus labios se dibujaron esas arruguitas... te pasaste la mano por la cara, como si quisieras borrar aquella sonrisa tan fuera de lugar, pero se te escapó entre los dedos y una vez más, me hiciste sonreír.

Estaba todo tan borroso... un minuto más y... habría podido pasar... Varias veces estuvimos a punto. Ninguno de los dos quería. En realidad, era la situación ideal, pero nunca dejamos que pasara. Sinceramente, la idea de que algún día iba a pasar tenía su encanto...

De pronto, todo o nada, no era algo pasajero, había perdido el control, no era yo, el suelo se movía bajo mis pies y tenía miedo. Miedo porque podía elegir, y decidir mal, y no poder escaparme...

Quizás fue un error, pero destruimos lo que habíamos construido antes de que alguien lo destruyera...

Si hay próxima vez, dejaré que alguien lo destruya... puede que eso no ocurra.

1 comentario: